Es suboficial auxiliar de la Fuerza Aérea Argentina. Nació en Puerto Iguazú y hace diez que está lejos de su familia. «Es una experiencia única estar acá, nos tuvimos que preparar mucho, pasar muchos exámenes, tener un temple y una paciencia, porque como estamos la mayor parte del tiempo encerrados cualquier cosa te puede hacer explotar», explicó

En la base viven 95 personas entre militares y científicos y en verano suelen pasar expertos de todo el mundo y todos comen la comida preparada por Doldan. «En un momento llegué a cocinar para 220 personas y eran chinos, rusos y de varias nacionalidades del mundo y todos me preguntaban por la chipa», dijo entre risas el misionero que habitualmente hace seis kilos del clásico manjar misionero para el desayuno de los habitantes de la base. «Y todo eso se va en minutos», confesó.

Doldan está casado y tiene tres hijos: dos varones, de doce y cuatro años, y una nena de diez. «Son nacidos en Tandil, donde yo resido, pero a todos los bauticé en Misiones, porque cada vez que puedo o en los veranos vamos con la familia», dijo.

Sobre las comida que prepara, el misionero indicó que «el jefe nos dio libertad de elegir los menúes, así que no tenemos platos fijos. Si son comidas bastante pesadas por el frío y hacemos lentejas, locros, bucecas».

Consultado sobre los platos típicos misioneros, Doldan contó: «dos o tres veces a la semana le hago chipa, suelo hacer seis kilos, o sopa paraguaya y cuando hago no dura más de una hora».

Pese a ser hincha de River, sigue de cerca la realidad de los equipos misioneros en el fútbol nacional. «Cuando juega no me los pierdo y es una lástima el momento que viene pasando Guaraní, uno de los históricos, y Crucero se tiene que recuperar».

Junto al suboficial principal de la Fuerza Aérea, Gabriel Almada (48) son los representantes de la tierra colorada en el continente blanco.

«Nos llevamos muy bien y siempre hablamos de lo lindo que es Misiones, por su vegetación, por los paisajes. Acá también es lindo, es algo único por la experiencia», destacó.

En los diez meses que lleva en la base Marambio tuvo muchas anécdotas, como cocinar para chinos, rusos o atender al ministro de Defensa, pero para él, lo mejor es «la cantidad de personas que conoces y la calidad de gente que circulan por la base, que es un nexo para ir a otros lugares, por su ubicación. Así que cada día acá es una experiencia única e irrepetible».

Fuente: La Voz de Cataratas.